Toy Story: Una línea del tiempo entre juguetes.

Pixar una de las marcas cinematográficas más reconocidas en la industria de animación ha abarcado una historia de entretenimiento en cada generación, cautivando infancias y recordando cada etapa de la niñez a través de los juguetes, un elemento esencial en la vida de cada niño, puesto que con ellos vivimos momentos de diversión.
Con el reciente estreno de Toy Story 5, hemos hecho un recuento de cada una de las películas que han dado vida a los juguetes, reviviendo la nostalgia y la memoria de los momentos que hemos pasado a su lado durante nuestra infancia.
En 1995 con la primera cinta de esta historia, llegan los clásicos de Andy, un niño amigable y con gran imaginación, donde creaba los mejores escenarios en su habitación a lado de Woody un gran vaquero que además era el juguete favorito de Andy, pero el caos llega cuando Buzz Lightyear llega como un juguete nuevo, el cual representa el boom tecnológico que llegaba a los 90s.

Fue en Toy Story 2 (1999) cuando se presenta la era del coleccionismo, donde se demuestra que los juguetes también pueden quedar en el olvido, generando un pequeño golpe de realidad donde incluso se llegan a guardar en vitrinas o museos, dejando de lado su objetivo principal.

Para la tercera entrega lanzada en el 2010 la trama se representa el adiós a la infancia, cuando Andy crece, los intereses cambian y él debe ir a la universidad, pero la nostalgia llega, se muestra un cambio de estafeta a un nuevo hogar y nuevas aventuras junto a otros juguetes.

La penúltima película de esta historia llega con una etapa en una crisis existencial con Forky un juguete peculiar el cual es un tenedor que atraviesa una crisis de identidad, pero además un juguete clásico del pasado como lo es Betty vuelve más empoderada e independiente.

Con la llegada de Toy Story 5 siendo la más reciente, atraviesa un cambio drástico por la nueva era, los juguetes ya no pelean entre sí, ahora atraviesan la pelea contra el entretenimiento digital quienes se llevan la atención completa de los niños y parecen haber olvidado a los juguetes, por la facilidad y rapidez de un clic en una pantalla táctil.

Al final, la magia de Toy Story nunca estuvo realmente en los juguetes, sino en lo que representaban: ese refugio de imaginación pura que todos llevamos dentro. Aunque hoy las calles parezcan más vacías y las pantallas reclamen nuestra atención, la saga nos recuerda que madurar no significa olvidar. Quizás ya no pasemos horas jugando en la acera, pero cada vez que elegimos conectar con alguien, reír de verdad o recordar quiénes fuimos, volvemos a abrir ese baúl de la infancia.











